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jueves, 5 de junio de 2025

Corridas de toros; Mariano José de Larra, 1828


«Vous connaissez l’ horreur des spectacles affreux
Dont les romains faisaient le plus doux de leurs jeux.
Ce peuple qui donnait, par un mépris bizarre,
A tout peuple étranger le titre de barbare,
Ne repaissait ses yeux que des pleurs des mortels
Et de sang arrosait ses théâtres cruels,
Aux tigres, aux lions livrant des misérables
Il se divertissait de leurs cris lamentables;
Il exposait aux ours des esclaves tremblants
Pour en voir disperser tous les membres sanglants,
Le grave sénateur courait à ces supplices,
Et la jeune vestale en faisait ses délices.


(M. RACINE, FILS: Epître à madame la duchesse de Noailles sur l’âme des bêtes.)                


Ejercite sus fuerzas el mancebo
En frente de escuadrones: no en la frente
Del útil bruto l’asta del acebo.
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Gineta y cañas son contagio moro;
Restitúyanse justas y torneos,
y hagan paces las capas con el toro.


(Quevedo. Epíst. satír. y censor.)                


Estas funciones deben su origen a los moros, y en particular, según dice don Nicolás Fernández de Moratín, a los de Toledo, Córdoba y Sevilla. Estos fueron los primeros que lidiaron toros en público. Los principales moros hacían ostentación de su valor y se ejercitaban en estas lides, mezclando su ferocidad natural con las ideas caballerescas, que comenzaban a inundar la Europa. El anhelo de distinguirse en bizarría delante de sus queridas, y de recibir su corazón en premio de su arrojo, les hizo, poner las corridas de toros al nivel de sus juegos de cañas y de sortijas.

Los españoles sucesores de Pelayo, vencedores de una gran parte de los reyezuelos moros que habían poseído media España, ya reconquistada, tomaron de sus conquistadores en un principio, compatriotas, amigos o parientes en seguida, enemigos casi siempre, y aliados muchas veces, estas fiestas, cuya atrocidad era entonces disculpable, pues que entretenía el valor ardiente de los guerreros en sus suspensiones de armas para la guerra, la emulación entre los nobles que se ocupaban en ellas, haciéndolos verdaderamente superiores a la plebe, y acostumbraba al que había de pelear a mirar con desprecio a un semejante suyo, cuando le era preciso combatir con él, si acababa de aterrar a una fiera más temible.

lunes, 27 de abril de 2020

Los méritos y límites de Pi Margall sobre la cuestión nacional; Equipo de Bitácora (M-L); 2020


«En España encontramos a Francisco Pi y Margall (1824-1901), que desarrolló su trabajo político durante la segunda mitad del siglo XIX y que se postula como una de las figuras de mayor estudio y sensibilidad sobre la cuestión nacional en cuanto a entender la variada idiosincrasia que existe en lo que hoy se conoce como España. Pero Pi y Margall, pese a su honradez, humanismo y alto pensamiento progresista para su tiempo –preocupado incluso, como decía Engels por la cuestión obrera y social–, no podemos decir que fuese un socialista de tipo materialista-dialéctico. Pi y Margall inició su pensamiento como un liberal, y pese a que después tomase la autodenominación de «socialista» –como se ve en algunos de sus últimos trabajos–, la realidad es que nunca pasó de ser un socialista utópico a lo sumo. Su obra es totalmente desconocida en la actualidad, pero su pensamiento sin duda se sitúa en la historia como el de uno de los exponentes más brillantes del socialismo utópico español. Los pensadores de las numerosas escuelas utópicas que poblaban España desde la década de 1840 habían dejado de lado la cuestión nacional, haciéndose eco del nacionalismo español, de ideas semireligiosas, legalistas, de conciliación entre clases, etc. Entre los socialistas utópicos más destacados antes de la obra de Pi i Margall encontramos a Joaquín de Abreu, liberal-fourierista, Sixto Cámara, proudhoniano defensor del «iberismo» –la unión nacional entre Portugal y España–, los «icarianos» –como Abdón Terradas y Narciso Monturiol–, que tenían una predisposición mesiánica y hablaban de entablar un viaje al estilo del «arca de Noé» hacia la «tierra prometida, Icaria» para librar al pueblo de sus males y, por último, Fernando Garrido, cuyo pensamiento es el más similar de entre todos los utópicos a aquél de Pi i Margall, pero sin desarrollarlo con la misma claridad, fuerza y espíritu revolucionario. En el pensamiento de Pi i Margall encontramos las limitaciones filosóficas y políticas que conllevaba haber sido de los primeros en romper con algunas de las tradiciones reaccionarias de entonces, es decir, avanzar sobre un territorio inexplorado, y pese a ello, nos legó infinidad de reflexiones que vale la pena repasar en la actualidad, esencialmente en torno a la referida cuestión nacional. Para él las naciones:

«Constituyen, por una parte, procesos históricos y cambian con el tiempo y, por otra, son colectividades heterogéneas en su interior. En un pasaje decisivo de su artículo «Las naciones», recogido en Lecciones de federalismo, se afirma: «Todas las naciones son unidades orgánicas. Si no lo fueran dejarían de ser naciones. Más esto no significa que tengan ni obligados órganos, ni obligados organismos… [En cuanto] Seres colectivos y libres, tienen todas distinta organización, y la cambian según las evoluciones de las ideas y las necesidades de los tiempos. Se quiere hacer hoy a las naciones poco menos que ídolos. Se las supone eternas, santas, inviolables; se las presenta como algo superior a la voluntad, como esas formaciones que vemos en la naturaleza, obra de los siglos». En pocos lugares se muestra tan a las claras el dual concepto de nación de Pi, en cuanto realidad simultáneamente socio-histórica y político-voluntarista». (Ramón Máiz; Federalismo, republicanismo y socialismo en Pi i Margall, 2009)

El barcelonés diría sobre las naciones, más detalladamente:

«Esto es, constituyen, por una parte, procesos históricos y cambian con el tiempo y, por otra, son No vaya V. a creer que yo sea enemigo de la nacionalidad... pero cuan insensato es decir que no cabe tocarla ni siquiera para reconstituirla sobre estas o las otras bases. Está, como todo, sujeta a mudanzas y al progreso de los siglos; y hoy, época de libertad, por la libertad es indispensable que se organice y viva. Es ahora hija de la fuerza, y queremos que lo sea mañana de la libre voluntad de los pueblos que la componen. Oprime ahora y violenta a los pueblos y las regiones, y queremos que respete la autonomía de los unos y las otras sin perder un ápice de la suya dentro del círculo de los intereses nacionales». (Francisco Pi y Margall; Las luchas de nuestros días, 1890)

viernes, 26 de julio de 2019

Espronceda, su tiempo, su vida, y su obra; F. Gavinet, 1950


«Cuando a los 33 años, en 1842, murió José de Espronceda, había jugado un papel histórico de significación tan acusada que, a pesar de su temprana muerte, y de la obra que de su singular genio cabía esperar, sería inadecuado calificar tan poderoso cerebro y tan noble corazón como malogrados.

La velocidad y la eficacia de su trabajo con «la pluma, la lengua y la espada» fue tal que su relativamente fugaz vida dejó, más que una estela de luz brillante, un surco profundo en la costra que cubría la sociedad española de su tiempo y que aún hoy estamos arrancando; y tan circunstancialmente certeros y tan agudamente inteligentes fueron sus golpes que suenan todavía con la misma arrebatada furia española con que fueron lanzados.

lunes, 29 de octubre de 2018

Sobre los parlamentos y las constituciones burguesas


«Ni siquiera el mejor de los parlamentos burgueses o la mejor de las constituciones burguesas son nada más que «instrumentos de opresión de los proletarios por la burguesía» –como muy justamente afirmara Lenin en su obra «La revolución y el renegado Kautsky» de 1918– y que ninguna constitución, por sí sola, ha asegurado nunca para el pueblo las promesas de democracia, libertad y justicia con que generalmente adorna la burguesía sus textos constitucionales. Quede claro también que el poder efectivo lo ejerce la burguesía desde el aparato del Estado, desde su dominio y control de las finanzas, de toda la economía del ejército, de su aparato represivo y policial, etc. El Parlamento y la Constitución no son más que jarrones de flores para adornar su podrido y maloliente sistema, lo que no excluye que siempre que sea posible y convenga a los intereses del pueblo y la revolución los partidos y las fuerzas revolucionarias los utilicen para desenmascarar a la reacción y difundir la política revolucionaria y azuzar el proceso de la lucha de clases. Actualmente en la coyuntura de España. (…) Las fuerzas democráticas y revolucionarias, y nuestro partido en primer término, están a la cabeza de las luchas populares por los derechos democráticos sin condiciones, con el fin de poder utilizar cuantos más medios sean posibles para desarrollar la lucha de clases. (…) Por imponer el derecho de asociación y manifestación sin condiciones, es preciso promover una amplia campaña para la disolución de los cuerpos represivos legados por la dictadura franquista y la prohibición de las organizaciones y bandas fascistas, así como también para denunciar las provocaciones de los grupos terroristas de distinto signo manipulados o montados por los distintos servicios especiales del aparato político-policiaco de la monarquía». (Elena Ódena; ¡Por el derecho de asociación sin condiciones para las organizaciones republicanas y para nuestro partido y el FRAP!, 1978)

martes, 9 de enero de 2018

Los revolucionarios albaneses criticando el liberalismo y la resignación pequeño buguesa en la forma de pensar y el modo de vida


«Los ideólogos y políticos del actual mundo burgués-revisionista afirman que los males como el hooliganismo, el crimen, la prostitución y la adicción a las drogas, el alcoholismo y el opio religioso son fenómenos inevitables de la sociedad moderna. (...) En cuanto al contenido ideológico de la cultura, el partido ha procedido de la tesis marxista de que ninguna cultura puede existir fuera de la ideología, fuera de las clases, de que todas las culturas se inspiran en ideologías dadas y sirven los intereses de clases dadas. (...) La colaboración de la ideología socialista con la cultura, la educación y el arte, la interrelación entre ellas, ha sido y sigue siendo una condición importante para la existencia de la cultura e impartirla un contenido militante, con lo cual se impulsa hacia adelante en todas direcciones, permitiendo así cumplir al partido su rol de ayuda la tarea de la educación ideológica y la movilización del pueblo para la construcción del socialismo y el progreso integral del país. (...) El «pensamiento de Mao Zedong» y la política de «dejar florecer cien flores, dejar competir cien escuelas de pensamientos» no han hecho otra cosa sino producir una confusión absoluta y una degeneración en el campo de la cultura, han abierto todos los caminos a la cultura burguesa decadente y al modo degenerado de la vida para que penetre en proporciones sin precedentes». (Tefta Cami; La revolución socialista en el campo cultural e ideológico y su profundización, 1980)

martes, 7 de febrero de 2017

El burocratismo y el liberalismo: dos factores que llevan a la degeneración del sistema socialista


«
Como confirma la experiencia histórica, hay dos enemigos principales que ayudan a la degeneración pacífica de la dictadura del proletariado: la burocracia y el liberalismo.

La burocracia ataca la dictadura del proletariado en sus centros nerviosos. Esto conduce a la esclerosis del partido y la clase obrera y debilita su rol de liderazgo, interrumpe los enlaces del poder del Estado con el pueblo y dificulta la participación de las masas trabajadoras en el gobierno del país, se paraliza la democracia socialista y cultiva la presunción en los cuadros, con todos los males que ello conlleva, como la vanidad y el desprecio por las masas.

El liberalismo es un gran peligro. A través de liberalismo, se manifiestan las tendencias de laxitud hacia la política y la ideología del enemigo, a la renuncia a las normas de la moral proletaria, al espíritu de conciliación con la forma de vida revisionista-burgués y la permisión de deficiencias y debilidades, etc., penetran en el partido de la clase obrera, el Estado socialista, y las masas trabajadoras. El liberalismo se presenta a menudo con consignas engañosas acerca de la «libertad» y «democracia», y plantea como «un rival de la burocracia», con el objetivo de sembrar su semilla venenosa más fácilmente.

La burocracia y el liberalismo, como dos peligros letales para el socialismo, se entrelazan, complementan y fomentan entre sí. Esto se puede ver claramente en el ejemplo negativo de los países revisionistas. En Yugoslavia, la tendencia principal del revisionismo y la restauración capitalista fue el liberalismo, pero el aparato burocrático fue creado junto con él. En la Unión Soviética, el camino típico fue la degeneración burocrática, pero ella estaba estrechamente relacionada con las manifestaciones de degeneración liberal-burguesa, tales como el campo de la cultura y el arte, en la forma de vida, etc., o la notoria campaña de «desestalinización» en sí, que comenzó precisamente con el eslogan del liberalismo.

El socialismo, debido a su naturaleza, no constituye una fuente de liberalismo ni de burocracia. Estas manifestaciones no son características del socialismo. Sin embargo, siempre y cuando la lucha de clases continúe, siempre y cuando la presión hostil interna y externa esté activa y siempre y cuando las reminiscencias del pasado, junto con las diferencias esenciales del trabajo mental y físico, etc. se conserven, estas manifestaciones no pueden evitarse por completo en el socialismo. Lo mismo vale también para otras formas de manifestación como el tecnocratismo y el intelectualismo, que plantean los mismos peligros potenciales y que encuentran su expresión en la absolutización de la función de los equipos, la ciencia y la inteligencia técnica, en la sobrevalorización del trabajo mental y la subestimación del papel de las masas, en el desplazamiento de la clase obrera de la dirección del Estado y la sociedad socialista.

En su lucha de clases para fortalecer y perfeccionar constantemente la dictadura del proletariado y para llevar adelante la revolución y la construcción socialista, el Partido del Trabajo de Albania (PTA) ha otorgado fuertes y continuos golpes contra cualquier manifestación de liberalismo y burocracia. Las medidas tomadas en contra de estas manifestaciones han sido políticas, ideológicas, económicas y administrativas. Las enseñanzas del PTA y el camarada Enver Hoxha sobre las causas que mantienen la burocracia y el liberalismo con vida bajo el socialismo, así como sobre la forma de manejarlos política e ideológicamente, al ver estos fenómenos como expresiones de concepciones del mundo reaccionarios, y la lucha contra ellos como una parte constituyente importante de la lucha de clases, son de gran valor teórico y práctico.

Resumiendo la experiencia albanesa e internacional en conexión con las manifestaciones de liberalismo y burocratismo en la sociedad, el PTA y el camarada Enver Hoxha han enfatizado que las manifestaciones de burocratismo y liberalismo constituyen un gran peligro para el socialismo, pero cuando no se les permite la libertad de acción y cuando se combaten de forma continua y resolutivamente, las consecuencias son completamente evitables. Estas consecuencias se produjeron en los antiguos países socialistas, pero fueron evitadas en Albania. Gracias a las continuas medidas que el PTA ha tomado, la burocracia y el liberalismo nunca han encontrado el terreno para alterar el carácter proletario del Estado albanés.

La esencia de la lucha de clases contra la burocracia y el liberalismo consiste en el establecimiento e implementación de correctas relaciones entre democracia y centralismo, entre los órganos electos y los órganos de la administración, entre los cuadros y los funcionarios, por una parte, y la masas trabajadoras, por el otro, entre las libertades y derechos de los ciudadanos, y su disciplina y deberes contraídos con el Estado y la sociedad socialista, en todo momento. Todas las medidas que el partido haya adoptado para la erradicación de las manifestaciones de la burocracia y el liberalismo, están conectados con este esencia del problema». (Vahid Lama y Gramos Hysi; La lucha de clases en el campo político en el periodo del socialismo, 1978)

El liberalismo ideológico como base para la justificación banal de errores y deficiencias


«Por definición, el liberalismo rechaza la lucha ideológica y trata de justificar y cubrir los fallos, errores, modos incorrectos de actuar, buscando siempre justificaciones de carácter secundario o echando la culpa a causas externas, cuando no lejanas. Algunos camaradas responsables se hacen cómplices del liberalismo pensando que si dejan pasar las cosas actúan como personas comprensivas, bien intencionadas y deseosas de que prevalezca la paz y la tranquilidad entre los camaradas. (...) El liberalismo en las filas del Partido se suele manifestar, por lo general, en no criticar a un camarada cuando éste no han cumplido con sus tareas o lo ha hecho de manera insatisfactoria, a medias; cuando un camarada responsable acepta cualquier excusa superficial para justificarlo; en desobedecer las orientaciones e instrucciones de los órganos de dirección y colocar las opiniones personales en primer plano; en no indignarse o preocuparse cuando se cumplen mal, o no se cumplen por negligencia, las tareas del Partido; en no adoptar las medidas prácticas, concretas, para la ejecución o el control de las tareas planteadas y dejarlo «a ver si salen o no salen», por menospreciar la importancia de los detalles concretos y descuidar la minuciosidad y la mayor exactitud en todos los terrenos de la acción partidaria». (Elena Ódena; Contra el liberalismo, 1974)

domingo, 2 de octubre de 2016

Desmontando el hippismo, como variante de la ideología burguesa


«El neofreudismo ejerce una gran influencia sobre los movimientos de «izquierda» de un carácter liberal-anarquista. Uno de esos movimientos extendidos en el degenerado mundo capitalista es el de los hippies, a los que los ideólogos burgueses llaman «niños de las flores». Estos son grupos de jóvenes desempleados, que vagan por las calles de cuidad en cuidad y de pueblo en pueblo, descalzos, con pelos y barbas largas, con unas ropas extrañas y una vida parasitaria y disoluta. Los hippies son representados por las tendencias neofreudianas como un «modelo de la futura sociedad». Está claro que para ellos, la futura sociedad significa hacer tiempo o divagar, lo que se traduce en una perpetuación de la propiedad privada. En este sentido la cuestión de los hippies es una cuestión política. En orden de desorientar a la juventud, de prevenirse de que busquen el verdadero camino, la ideología burguesa y revisionista avoca por la resistencia pasiva de la juventud ante las injusticias. El pelo, las patillas y las barbas largas, etc. son un símbolo de esta oposición no revolucionaria, la cual crea ilusiones de que los objetivos pueden ser conseguidos por medios pacíficos. También hay personas que quienes llevan pelos y barbas largas para lucir bien, en orden de parecer «modernos», pero en realidad estas apariencias «modernas» son manifestaciones de primitismo, pesimismo social y apatismo político.

Tales tendencias irracionales actuales justifican el extremo individualismo. Según ellos la sociedad es un bosque donde los árboles crecen cerca los unos de los otros pero sin conexión alguna. Dicen que en una sociedad un hombre viva su vida, tiene su individualidad, sus ambiciones, vive por si mismo y muere por sí mismo en soledad. La sociedad, según ellos, es una noción vacía. Que no hay nada en común entre los hombres. Se les debe permitir vivir según sus gustos, y que no hay necesidad de llenar sus cabezas de todo tipo de ideas ya que su naturaleza no puede ser cambiada. Ellos argumentan que el hombree en sociedad se siente abandonado y efímero, que la sociedad le brinda sufrimiento porque le priva de su satisfacción e instintos, y suprime sus sentimientos. Sobre este camino, los ideólogos de la burguesía consideran el individualismo como la esencia de la naturaleza humana y el objetivo principal de las relaciones entre los hombres. Ellos justifican el individualismo con el pretexto de que están protegiendo el individuo del colectivo, porque según ellos, cuando el individuo entra en el colectivo pierde su esencia. El «ego» está por encima de todo y se convierte en nada cuando entra en la totalidad. Este es un llamado a encerrarse en uno mismo, para que todo el mundo viva por el bien de su «ego» solo.

La falta de fundamento de estas opiniones irracionales puede ser fácilmente entendidas con claridad. El marxismo nos enseña que el hombre no puede considerarse en forma aislada de la sociedad. Vive todo el tiempo como una parte de la sociedad, de lo colectivo, y para entender el individuo primero hay que entender la sociedad. Los hombres que actúan sobre la naturaleza y la sociedad no permanecen aislados, sino que entran, en relaciones de carácter económico, ideológico y moral. La personalidad del hombre, también se desarrolla precisamente en este proceso natural de la cooperación.

Las teorías de los neofreudianos buscan justificar el liberalismo burgués con el eslogan de «absoluta libertad» del individuo. Ellos conciben la libertad de una manera metafísica y unilateral. Acorde a lo que dicen ellos el hombre es libre de la sociedad y tiene el derecho para hacer, cualquier cosa que quiera. Ellos claman que solo el capitalismo crea la posibilidad para el hombre de desarrollar su personalidad, y que solamente el capitalismo crea las condiciones para la completa libertad de todos. En realidad, esta «libertad» que es proclamada por los ideólogos de la burguesía es un engaño y un limitación real de la personalidad del hombre. 

El marxismo-leninismo nos enseña que la democracia pura no existe. Que siempre hay un carácter de clase y que en cada orden social se define por el carácter de clase de las relaciones de producción y por el régimen político. En los países capitalistas la «libertad para todo» solo es de palabra, pero no está garantizada en la práctica. Hay profundas contradicciones entre la proclamación de derechos y su implementación en la práctica.  Por otro lado, hay que decir que libertad no significa degeneración, liberalismo desenfrenado y completa independencia de las leyes social de desarrollo; por el contrario, significa el alzamiento de estas leyes al nivel de cognición, y actuando sobre sus bases. La burguesía propaga la «absoluta libertad» para desorganizar a las masas y, en particular a la juventud, para prevenir que ellas se unan para luchar contra ella, contra el orden explotador, con el fin de crear la falsa impresión de que todas las personas son iguales y que no hay razón para que el orden capitalista sea derrocado». (Viktor Riska y Kleanthi Zoto; Neofreudismo; Una de las más reaccionarias tendencias de la ideología burguesa, 1973)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

Nuestra definición de hippismo es la siguiente:


«Es una corriente nacida en lo albores de los años 60. Nace como un intento –fallido– de escapar a los males del capitalismo como la guerra, el desempleo masivo o las leyes jurídicas opresivas, pero la falta de un tronco filosófico correcto para analizar estos fenómenos desde un prisma científico lleva a esta corriente implantar una metodología insuficiente para combatir estas lacras del capitalismo: promueve la resistencia pasiva como manifestaciones y sentadas pacíficas y/o directamente el aislacionismo de los núcleos de la sociedad creando pequeños reductos aislados antes estos fenómenos.

Se caracteriza por la abogacía incoherente de la búsqueda de una «paz y convivencia social» entre los seres humanos, y entre las personas y la naturaleza, pero plantean lo primero desde más allá de la lucha de clases, y lo segundo sin considerar tampoco la insostenibilidad de esa tesis ecologista dentro del sistema económico capitalista y sus leyes, a veces incluso se plantea la cuestión ecológista –cuestión de según orden– por delante de la cuestión de la lucha de clases –sin entender que sin la resolución de la cuestión del poder político burgués y la destrucción del sistema económico capitalista no hay posibilidad de plantear esta cuestión con eficacia–. En caso de mostrar un mínimo de interés por la política es a través de métodos pacifistas y reformistas. 

En caso de cuestionar el orden económico es para promover un liberalismo y una descentralización económica típica del periodo capitalista premonopolista, teorizando por tanto una vuelta al mercantilismo del artesano, con lo que estos planteamientos se aproximan al anarquismo, o mejor dicho: el hippismo es la versión evolucionada y pacifista del anarquismo. 

De toda esta visión político-económica se concluye que hippies como norma general eludan la cuestión de la toma del poder político o que jamás ponga en duda la validez del régimen económico imperante y muestren un desconocimiento, una apatía o incluso un rechazo del conocimiento e interés en lo económico-político. 

En la cuestión cultural los hippies se destacan por un rechazo a ciertos valores de la cultura burguesa como el consumismo, el racismo, el militarismo o el machismo, pero al ser unos nihilistas del axioma de que las relaciones sociales entre las personas –como las relaciones económicas– rigen la cultura y psicología de los hombres no comprenden cómo acabar con dichos fenómenos culturales. El concepto cultural propio del hippismo es la exaltación de un extremo individualismo y la negación de la cultura con carácter e interés de clase, siendo válidas todas interpretaciones del mundo y todas las costumbres siempre que respeten el amparo a la libertad individual. Se ha solido dar la bienvenida a varias de las peores teorías y costumbres de la sociedad burguesa como el consumo de drogas –como forma de ocio o de evasión de los problemas de la sociedad– o la aceptación de las teorías sexuales que fomentan el concepto burgués «de amor libre» –en el sentido de libertad de despreocuparse de los hijos nacidos de esas relaciones, del adulterio y sus consecuencias psicológicas, etc.–, siendo el hippismo un nudo cultural del mundo ideológico burgués». (Equipo de Bitácora (M-L); Terminológico, 2016)

domingo, 3 de julio de 2016

El liberalismo, fuente de desviaciones y errores en las filas del partido comunista


«En cada fase y momento, el liberalismo asume formas y manifestaciones específicas con arreglo a las tareas, a las condiciones y a la situación política del momento; existen también algunas manifestaciones y formas del liberalismo comunes en todas las fases y en todos los lugares.

Las fuentes ideológicas del liberalismo, son por lo general una falta de compresión y compenetración con los principios y la política del Partido; y sus manifestaciones más frecuentes son la indisciplina, el cantonalismo y la falta de control y análisis de las tareas generales del momento.

La indisciplina no siempre se manifiesta de manera abierta y clara, es decir, oponiéndose a tal o cual tarea, o a tal o cual posición política del Partido. Suele más bien manifestarse por un incumplimiento larvado o un cumplimiento mínimo de las tareas; por una falta de análisis completo de las condiciones concretas para la aplicación de tal o cual tarea general; por la falta de control de cómo y si se han cumplido las directrices generales y las particulares por parte de los comités y órganos de dirección de distinto nivel.

El cantonalismo, que es una de las manifestaciones del liberalismo, suele, por lo general, ser consecuencia de una falta de aplicación real del centralismo democrático en la realización de las tareas generales y la política del Partido.

El cantonalismo se manifiesta también por el hecho de que las tareas sólo se llevan a cabo en la medida en que no contrarían las tareas específicas de la organización regional o local, poniendo por delante éstas últimas, llegando así a deformar la línea y las consignas del Partido en un momento determinado, al no cumplir las tareas generales. El cantonalismo se manifiesta además, por una utilización exclusiva de los recursos y medios de la organización en lugar determinado, sin pensar en utilizar sus energías y medios en función de las necesidades generales del Partido.

El liberalismo es también sumamente peligroso y nocivo para la clandestinidad. Algunos camaradas caen en posturas empíricas, es decir, que se basan exclusivamente en su propio juicio o experiencia personal en cuanto a la necesidad de aplicar tal o cual medida conspirativa o de seguridad señaladas, lo que suele por lo general causar grandes perjuicios para la seguridad del resto de los camaradas y ser responsable de que el enemigo nos golpee con más facilidad y eficacia.

Por otra parte, dadas las condiciones de clandestinidad en las que tiene que actuar y luchar todo el Partido, es lógico que cada camarada sólo conozca aquellos datos y hechos imprescindibles para su propia actividad, por lo cual suele ser también totalmente perjudicial y peligroso el adoptar iniciativas por cuenta propia en un lugar determinado, sin consultar, cuando es posible hacerlo, ya que se desconoce si tal o cual iniciativa puede contraponerse a otras medidas existentes y al conjunto de la organización. Esto no quiere decir que los camaradas no tengan que desarrollar y llevar a cabo su labor con iniciativas propias en cuanto a las tareas que tienen fijadas, sino simplemente, que cuando se trata de algo que rebasa las tareas señaladas, siempre es imprescindible informar y consultar previamente.

La disciplina que actualmente necesitamos en la fase actual de nuestra lucha para seguir adelante, es una disciplina basada en la responsabilidad y en la comprensión ideológica y política de nuestros planteamientos, en la necesidad de cumplir con audacia y dinamismo las tareas fijadas, pese a los obstáculos y dificultades que éstas pueden plantear; en la necesidad de comprender que nuestras tareas y la situación son cada día más amplias y complejas, y que sin una disciplina férrea no lograremos poner al Partido y a las masas que dirigimos en pie de combate, tal como lo exigen las circunstancias actuales.

El liberalismo es disolvente y si no se le combate, corroe a los mejores camaradas y llega a frenar el conjunto de la actividad de un comité o núcleo de camaradas, dejando el terreno libre para toda clase de desviaciones y a la penetración y desarrollo de corrientes extrañas, que al no combatirse, degeneran en posiciones antipartido y liquidacionistas.

De ahí la importancia de ser verdaderamente intransigentes contra toda manifestación de esta plaga que es el liberalismo en el seno del Partido, pues la experiencia nos ha enseñado –y no descubrimos nada nuevo–, que cuando no se combaten desde el principio las manifestaciones de liberalismo, resulta después infinitamente más difícil el atajarlo y suprimir sus secuelas.

Finalmente, no podemos olvidar que el enemigo infiltrado en nuestras filas o desde fuera tiene en el liberalismo su mejor aliado en el que apoyarse para, impulsándolo y cultivándolo, como estilo de militancia, llegar a minar la moral y la firmeza de camaradas y de nuestra organización». (Elena Ódena; El liberalismo, fuente de desviaciones y errores en las filas del partido, 1975)

miércoles, 6 de mayo de 2015

El liberalismo, como arma de agresión ideológica del mundo burgués al mundo proletario



«En las actuales condiciones, la esencia de esta agresión ideológica, el objetivo principal del enemigo de clase en sus esfuerzos por degenerar el sistema socialista y la política interior y exterior del partido y de nuestro Estado, consiste en estimular el liberalismo en todos los frentes.

Fue precisamente este camino por el que se alcanzaron en la Unión Soviética y en algunos otros países los resultados contrarrevolucionarios que el imperialismo no había podido lograr ni a través de la intervención armada ni a través de la agresión fascista. Bajo la consigna del liberalismo se denigró la figura de Stalin y su obra y se liquidó la dictadura del proletariado. Bajo esta consigna se abrió el camino a las reformas económicas revisionistas que condujeron a la liquidación de las relaciones socialistas de producción y a su substitución por nuevas relaciones capitalistas. En la vida espiritual, el liberalismo se convirtió en la llave para abrir las puertas a la penetración de la cultura y del modo degenerado de vida de Occidente. Siempre bajo esta consigna se repudió la línea de la lucha resuelta contra el imperialismo, reemplazándola por la política jruschovista de la apertura hacia Occidente y la colaboración general con el imperialismo estadounidense.

El liberalismo puede manifestarse en los más diversos campos y formas. Pero dondequiera y como quiera que se presente, es, en esencia, expresión del oportunismo ideológico y político, renuncia a la lucha consecuente de clase contra el enemigo interior y exterior contra las manchas de la vieja sociedad y las influencias actuales de la ideología extraña al socialismo, es una aceptación de la coexistencia pacífica con la ideología enemiga. Al alentar el liberalismo, los enemigos pretenden que nosotros renunciemos a nuestras posiciones y a nuestra lucha de principios contra el revisionismo moderno, que renunciemos a la lucha resuelta contra el imperialismo y abramos nuestras fronteras a la «libre circulación de las personas, de las ideas y de las culturas». Quieren difundir una concepción liberal y anárquica de la democracia socialista con el fin de disolver la disciplina proletaria en el trabajo y socavar la dictadura del proletariado. Desean que nuestros trabajadores de la cultura y el arte abandonen el partidismo proletario para que se dé vía libre al florecimiento de toda clase de corrientes decadentes burguesas y revisionistas. Pretenden que nuestra gente, la juventud y todos los trabajadores, adopten los comportamientos, los gustos y el modo de vida degenerados del podrido mundo burgués-revisionista». (Enver Hoxha; Profundicemos la lucha ideológica contra las manifestaciones extrañas al socialismo y contra las actitudes liberales ante ellas, 1973)

sábado, 7 de febrero de 2015

Ernst Aust sobre el carácter pequeño burgués del Pensamiento Mao Zedong y su exteriorización en su política

Ernst Aust en un discurso durante los años 70

«Además a la pequeña burguesía le gustó la «Revolución Cultural» del Pensamiento Mao Zedong, en especial la colaboración con la burguesía, ya que corresponde a su propia actitud vacilante; el liberalismo de Mao Zedong contra el enemigo de clase, que va tan lejos como para no prohibir la actividad de los enemigos en el socialismo; su pluralismo de partidos, es decir, la existencia y promoción de varias actividades que incluyen a varios de sus partidos en el socialismo; su lema «que se abran cien flores y compitan cien escuelas de pensamiento», que es una expresión directa del apoyo a la convivencia de ideologías opuestas». (Ernst Aust; Informe en el IVº Congreso del Partido Comunista de Alemania/Marxista-Leninista; Recopilación de citas de Ernst Aust sobre la cuestión alemana y sobre el revisionismo alemán, diciembre de 1978)